
Éramos fax juvenil, Somos faxjuvenil
Ni se imaginan cuánto sufro cuando un adolescente anota mi correo electrónico. Como si les hablara en lenguas se me pierden luego del arroba. Recién

Ni se imaginan cuánto sufro cuando un adolescente anota mi correo electrónico. Como si les hablara en lenguas se me pierden luego del arroba. Recién

Tu nombre es tu primera bendición (o a veces, maldición).

¡Qué victoria es reconciliar la vida espiritual con el trabajo cotidiano, y más aún volverlas en el cara y sello de la misma vida! Lo